Una panorámica al autorretrato

La técnica del autorretrato fue inaugurada hace casi dos siglos con una fotografía de diez minutos, hoy, con píxeles y selfies es una de las más usadas.

Francesca Woodman: acerca de ser un ángel

Durante una década, Francesca Woodman realizó una obra compuesta por más de 800 fotografías y 10 mil negativos que sigue siendo, en gran parte, un misterio.

Jorge Aceituno: un fotógrafo de sus propias obsesiones

Habla de la fotografía como quien habla de una amiga, una mano, o de sí mismo.

Exposición fotográfica: "Reconstrucción del Álbum Familiar"

El incendio que en 2014 devastó los cerros Las Cañas, El Litre y La Cruz en Valparaíso, terminó por afectar, en gran parte, a la población más vulnerable de la ciudad.

El efecto Kusama

La exposición de Yayoi Kusama está compuesta por más de 100 obras, entre pinturas, esculturas, vídeos y espectaculares instalaciones.

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sábado, 25 de julio de 2015

Jorge Aceituno: un fotógrafo de sus propias obsesiones

Habla de la fotografía como quien habla de una amiga, una mano, o de sí mismo. Se sienta y comienza a revolver viejas fotos mentales sobre su vida y obra, colmada de pasión, obsesión e incansable protesta. Dispara sus ideas con la velocidad con que dispara su cámara, congelando los momentos claves de su vida. Este es Jorge Acecituno, un hombre gravitante para la fotografía de Chile. 
Por Nicolás Ortuya Méndez
*Fotografías: Jorge Aceituno
Jorge Aceituno


      Componiendo Anhelos

Jorge Aceituno nació con ojos de fotógrafo, hace 58 años. Desde pequeño, los álbumes fotográficos familiares fueron construyendo en él las imágenes de quienes ya no lo acompañaban. En esos cuadros de papel el veía un espacio para la memoria y fue construyendo, de a poco, una imaginación y una visualidad sin límites.

En el Chile de los 60’s no todas las familias tenían una cámara fotográfica, a diferencia de la actualidad, y quienes tenían una la reservaban para eventos importantes. Sin embargo, Aceituno jugó con la cámara toda su niñez, al principio sólo mirando por el  visor y construyendo composiciones de la vida cotidiana; más tarde capturando todo eso que le llamaba la atención, las escenas raras, las posturas fuera de lo común y “las payasadas”,dice.

En 1975, era un adolescente terminando su Enseñanza Media, lleno de sueños y anhelos de fotografía, pero la dictadura chilena le daría, por primera vez, un portazo en la cara. La Escuela de Cine de la Universidad de Chile, donde él pretendía estudiar, había sido cerrada por los militares. En este desfavorable escenario, Aceituno evaluó estudiar artes, algo a lo que siempre se había sentido cercano, pero no, no era realmente lo suyo. Finalmente, y renunciando a su propia esencia, estudió Mecánica, pero nunca fue feliz en eso.

“Al final me fui del país. Nunca tuve problemas políticos, pero ya no soportaba mucho el ambiente de la dictadura. Llegué hasta Canadá y viví ahí un tiempo, pero era demasiado caro estudiar”, comenta.

A sus 26 años volvió a Chile y, consciente de que la oportunidad de estudiar lo que siempre le había apasionado se le estaba escapando de las manos, entró a Fotoforum, una renombrada academia de fotografía, donde se formó profesionalmente.

  • La fotografía de Aceituno: una ventana a su mundo interior
Jorge Aceituno fotografía sus propias obsesiones. Ocupa los lugares, los objetos y a la gente como un lienzo sobre el que dibuja, pinta, escribe, y si es necesario, vomita todo su impulso creativo. No fotografía paisajes ni retrata a personas porque sí, sólo dispara para expresar una historia o un discurso.

Jorge Aceituno
¿Qué es la fotografía de autor para usted?
No me gusta decirle "fotografía de autor". Personalmente, quería hacer algo que tuviera cierto peso, que pudiera transmitir y expresar las cosas que yo sentía. Mi fotografía es un canal para expresarme creativamente, eso siempre fue bien estimulado en mi casa. Entonces la fotografía de autor es aquella en que el fotógrafo vuelca sus inquietudes personales, obsesiones, y hace un trabajo expresivo utilizando la fotografía como herramienta. Son trabajos en profundidad y se construyen en el tiempo.



¿Y cuáles son sus obsesiones?
 Principalmente la gente. Yo partí trabajando con el dramaturgo Ramón Griffero, en “El Trolley”. Él era muy visual y me ayudó a consolidar mi interés por las atmósferas, el cuerpo y los conflictos. Para mí el cuerpo humano siempre ha sido de interés para la expresión, aunque sé que somos mucho más que solo cuerpo. El cuerpo es el territorio de la salud, la enfermedad y las emociones. En la sociedad actual la imagen del cuerpo, por una parte está exacerbada, pero por otro lado se ha descuidado su función, y eso, en el fondo, es un reflejo del tipo de sociedad que construimos.

¿Cuál es el rol del sexo para usted como fotógrafo?
Jorge Aceituno
 El sexo está relacionado con la espiritualidad, es parte de lo que somos. De hecho, sin sexualidad no hay familia. Cuando se ve con la idea del sexo como un pecado, una visión impuesta principalmente por la Iglesia, yo no estoy de acuerdo. Si se enseñara sobre sexualidad a los niños cuando no están infectados de los prejuicios que tenemos los adultos, sería un gran avance. Debería enseñarse que el sexo es algo natural y que va acompañado del amor.

  • Discriminación: un motor creativo
Aceituno ha dedicado una vida entera a capturar esas cosas distintas que nadie más ve, dignificando, por ejemplo, las discapacidades y las enfermedades mentales. Este fotógrafo busca visibilizar todo aquello que la sociedad se encarga, descarnadamente, de ocultar y marginar.

Así fue como llegó a trabajar con ciegos, sordos y con un grupo de discapacitados mentales o “personas con capacidades diferentes” como dice Aceituno con sarcasmo, dibujando unas comillas con sus manos en el aire. “No deberíamos pensar que son diferentes, deberíamos plantearnos sólo como un otro”, afirma. 

Jorge Aceituno

“Con agua de cielo” (1992) fue un trabajo que realizó en conjunto con las personas que asistían al Centro de Capacitación Técnica Aquelarre, donde su hermana, Alejandra Aceituno, coordinaba los talleres que formaban a artistas con más capacidades que discapacidades. Esta muestra es una exploración y revisión por la historia de la pintura y literatura, en la que trabajó con jóvenes artistas que tenían síndrome de Down o discapacidades mentales. Ellos autorrepresentaban las obras más conocidas de los grandes artistas de todos los tiempos, apropiándose de la fotografía de Aceituno.

¿Qué significó para usted trabajar con personas que tenían dificultades físicas o mentales?
Siempre me ha interesado la gente que es discriminada o que tiene menos oportunidades por alguna razón. A través de ellos yo descubrí un mundo nuevo. Exploré una sensibilidad que no me imaginaba porque, generalmente, sus familiares coartan su capacidad de expresarse creativamente. La gente duda que ellos puedan tener una emocionalidad tan potente, pero ellos no tienen todas las trabas que nos deja el sistema educativo, son almas libres. Trabajar con ciegos, por ejemplo, es otro mundo. La vista es un sentido engañoso que le quita importancia a los otros sentidos y a los sentimientos. Para mí fue un aprendizaje muy potente.

Jorge Aceituno
 ¿Se ha sentido discriminado alguna vez?
Todos hemos sido discriminados alguna vez. Cuando yo vivía en Canadá me discriminaban por ser latino. Pero lo que siempre recuerdo es una experiencia que tuve en 1990. El Museo de Bellas Artes realizó una actividad que celebraba el regreso de la democracia y nos invitaron como colectivo artístico a exponer. Nuestro tema era el género negro, entonces había escenas fuertes en términos sexuales y de violencia. Algunas personas se escandalizaron con las imágenes y reclamaron al museo, y el director de la institución, que en ese entonces era Nemesio Antúnez, mandó a esconder nuestra obra. Eso fue una discriminación igual, fuimos censurados.


  •  Navegando en los tiempos tecnológicos
Jorge Aceituno es un fotógrafo formado en el siglo pasado pero que ha sabido navegar en las aguas de la tecnología actual, nutriéndose de todo lo que puede hacer a su fotografía más potente, más expresiva y más iluminadora. Sobre estos puntos reflexiona el retratista, quien ve con buenos ojos toda herramienta que pueda llevar a sus fotos más cerca de la realidad.

Jorge Aceituno

 ¿Cómo se relaciona la fotografía actual con la tecnología?
La tecnología siempre ha estado al servicio de la  fotografía, y todos los avances que hay son gracias a  la tecnología, eso ha permitido que hoy casi no haya límites en cuanto a la fotografía. Pero existe ahora una suerte de "neopictorialismo digital", una tendencia a retocar mucho las fotos hasta que se vean como una pintura, como si eso le diera más valor. Yo no soporto mucho eso, me carga de hecho, así como tampoco soporto el HD, al final la fotografía termina siendo como otra cosa, algo poco real.

¿Qué lugar ocupa la fotografía de autor en nuestra sociedad?
No es tan valorada como yo quisiera. Somos un país con poca cultura visual, no se conoce ni la fotografía patrimonial chilena. Tenemos mala memoria, no valoramos mucho nada porque olvidamos rápido. Ahora hay más acceso a la fotografía gracias al internet, pero más para la gente joven. También hay cierto respeto por las exposiciones, pero falta que la gente entienda lo que está viendo. Hay un grave desconocimiento de lo que se está apreciando.

lunes, 18 de mayo de 2015

Francesca Woodman: acerca de ser un ángel

Francesca siempre pareció obsesionada con los ángeles, los fantasmas, todo lo etéreo, ya fuera de luz u oscuridad. Ella misma se identificó como un ángel en varias de sus fotografías, y quizás por ello decidió saltar desde la ventana del departamento de sus padres en 1981: pensó que podría volar.

Durante una década, Francesca Woodman realizó una obra compuesta por más de 800 fotografías y 10 mil negativos que siguen siendo, en gran parte, un misterio. 

Por Bárbara Muñoz
Fotografías: Francesca Woodman, propiedad de George y Betty Woodman

Self-portrait at thirteen (1972), Francesca Woodman. Fotografía de Francesca a los 13 años, tomada en su hogar en Boulder, Colorado.

Francesca Woodman nació el 3 de abril de 1958 en Boulder, Colorado, Estados Unidos. En ese mismo pueblo creció muy ligada al campo, a los caballos y al arte. Sus padres son reconocidos artistas: George Woodman, su padre, es un pintor y fotógrafo, y su madre es Betty Woodman, una escultora. De pequeña, Francesca pasó un año viviendo en Antella, una pequeña aldea italiana donde su familia tenía una casa, y durante su juventud pasó allá varios veranos.

Aunque provenía de una familia fuertemente ligada a las artes visuales, Francesca descubrió su pasión por la fotografía al ingresar a estudiar a la escuela secundaria Abbot Academy en 1972, cuando tenía 13 años, y su padre le regaló su primera cámara. Desde ese momento comenzó a desarrollar su distintiva técnica fotográfica y tomó su primer autorretrato publicado, en el que se puede ver a la niña negándole la mirada a la cámara que dirige a través de un cable disparador.

On being an angel #1 (1977), Francesca Woodman. Fotografía tomada en Rhone Island antes de partir a Roma.

Tras terminar la secundaria, Francesca comenzó a asistir a la Escuela de Diseño Rhone Island en 1975, una escuela privada de artes en el estado de Nueva Inglaterra. A mediados de 1977 partió a Roma para participar en un programa especial de honores de su escuela, donde se mantuvo hasta 1978 y se hizo amiga de intelectuales y artistas italianos. A finales de ese año volvió a Nueva Inglaterra para graduarse.

Sin título (1977-1978), Francesca Woodman. Fotografía de la serie Angel, capturada en Roma, Italia.

A principios de 1979 decidió mudarse a la ciudad imperio: Nueva York, con el fin de hacerse una carrera en el mundo de la fotografía. A pesar de que le mandó su portafolio a muchos fotógrafos de moda por bastante tiempo con la esperanza de que apreciaran su trabajo, no obtuvo ninguna respuesta positiva. Este fracaso, además de una relación amorosa fallida, provocaron que Francesca desarrollara una profunda depresión que la llevó a intentar quitarse la vida a finales de 1980. Tras su intento de suicidio, fue forzada a someterse a un tratamiento psiquiátrico y a irse a vivir con sus padres en el Lower East Side de Manhattan. 

Sin título (1979-1980), Francesca Woodman.

Bajo supervisión médica y manteniéndose estable a base de medicación psiquiátrica, Francesca publicó su única obra poco antes de que terminara 1980: Some Disordered Interior Geometries (en español: Algunas geometrías interiores desordenadas), un pequeño libro con algunas de sus fotografías. Sin embargo, su bicicleta fue robada, su postulación a una publicación importante fue rechazada y el 19 de enero de 1981 se lanzó desde una ventana, terminando con su propia vida. Tenía 22 años. 

Sin título (1980), Francesca Woodman. Última fotografía publicada antes de su muerte, tomada en Nueva York.

Dejó sus sentimientos por escrito antes de suicidarse, escribiendo lo siguiente: "Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones, en vez de ir borrando atropelladamente todas esas cosas delicadas...". Nadie reconoció a la joven, cuyo rostro quedó irreconocible en una calle de Nueva York. Su cuerpo pasó un par de días en la morgue hasta que su ropa fue reconocida.

Sin título (1979-1980), Francesca Woodman

A pesar de la corta vida de Francesca, produjo al menos 10 mil negativos, de los cuales salieron alrededor de 800 fotografías. De ellas, 120 han sido publicadas o exhibidas. El resto de su obra se mantiene al cuidado de sus padres, quienes la guardan con recelo y han cedido a publicar y exhibir una parte ínfima de su trabajo. Todo el resto... queda a ser descubierto.

Space (1975-1976), Francesca Woodman. Esta fotografía forma parte de la serie Space, en la que muestra su propio cuerpo en una especie de exhibidor, como una vitrina de un museo.

El estilo fotográfico de Francesca no es fácil de ignorar. Su imaginario está lleno de mujeres desnudas, vulnerables, oscuras, como fantasmas abandonados en un departamento en ruinas. El centro de sus fotografías suele ser este cuerpo femenino, a menudo el propio, difuminado, abstracto y borroso. Muy pocas fotografías de Francesca están hechas en exteriores. Parecen denotar un encierro, una prisión del cuerpo en un espacio decadente y sucio. 

Resulta triste admirar la obra de Woodman y contrastarla con su biografía, conociendo su desenlace. Sus fotografías, que en gran parte son autorretratos, muestran a mujeres que parecen camino a desaparecer: ella desapareciendo. Considerando que el autorretrato es una forma que tiene el artista de representar su propia identidad, se puede llegar a sentir que Francesca pertenecía más a otro mundo que a este, y que su suicidio era un final que venía prediciéndose desde su temprana y constante desaparición.

Sin título (1977-1978), Francesca Woodman. Fotografía perteneciente a la serie Eel, capturada en Roma, Italia. 

Gran parte de la influencia que tiene Woodman en su trabajo más tardío proviene de su estadía en Roma entre 1977 y 1978, donde conoció el trabajo del simbolista Max Klinger, que influyó fuertemente en la serie Eel capturada en Roma. En este trabajo, Woodman se aleja del autorretrato aunque ella misma es la modelo de sus fotografías, representando la feminidad de otras maneras, contrastando el estar en control (tiene la serpiente en una fuente) y el estar indefensa (la serpiente puede liberarse al lado de su cuerpo desnudo).

La mayoría de sus fotografías fueron tomadas por cámaras de formato medio y negativos cuadrados de 5,7 x 5,7 centímetros, casi todas en blanco y negro. La cámara que más usó fue la que le regaló su padre a los 13 años, una Yashica réflex con doble lente, la que combinó con distintos tipos de película para experimentar. Para lograr sus fotografías con espectros fantasmales solía usar exposiciones largas junto a movimiento.

Sin título (1979-1980), Francesca Woodman.

Lamentablemente, Francesca no fue reconocida hasta después de su muerte. En 1986 se expuso su obra por primera vez en el Wellesley College de Massachusetts, a cinco años de su suicidio, y desde ahí que ha ganado un creciente reconocimiento y ha sido objeto de estudio crítico. 

Entre sus exposiciones individuales más significativas está Francesca Woodman en la Fundación Cartier por el Museo de Arte Contemporáneo de París (1998),  Francesca Woodman en el Museo de Arte Moderno, San Francisco (2011-2012) y Francesca Woodman: Photographs en el Museo de Arte Herbert F. Johnson de la Universidad Cornell, Nueva York (2013), entre muchas otras más alrededor del mundo.

Sin título (1979-1980), Francesca Woodman.